hombre perfecto


Me Afeito por la noche y en el espejo ordeno a la barba no crecer.
Por la mañana amanezco liso como el culito de un niño y no te araño.
Esa es la prueba definitiva de que soy perfecto.
Y tú dices que algo falla.
Yo estuve en cuarentena antes de llegar a ti. Mucho tiempo. Cuarenta y un días para ser exacto.
Los hombres de las batas me hacían pruebas y se miraban a los pies de mi cama. Cuchicheaban.
Yo aguzaba el oído y los oía decir que no podía ser, que tanta perfección, que los instrumentos pueden fallar. Y el de las barbas decía que había que repetir las pruebas.
Sospecharon que yo escuchaba. Desde entonces se retiraban detrás de las cristaleras a deliberar.
Yo aprendí a leer los labios.
Los hombres de las batas decían que el ser humano es imperfecto por naturaleza, que tanta perfección no podía ser buena. Que tenían una responsabilidad, no me podían dar al mundo y ahí queda eso. Y el de las barbas insistía en que había que repetir las pruebas
Sospecharon de mí y dejaron de hablar tras el cristal. Se retiraron al cuarto contiguo a deliberar. Yo aprendí inmediatamente a leer sus mentes.
Los hombres de las batas estaban preocupados porque el tiempo se acababa y necesitaban las instalaciones para analizar un extraterrestre y un unicornio alado. Tenían que tomar una determinación. Ya tenían toda la documentación. Lo más lógico era destruirme por el bien común. El mundo no estaba preparado. Y el de las barbas tenía problemas morales y técnicos, insistía en que había que repetir las pruebas una vez más.
Mi instinto de supervivencia funcionó tan perfectamente como todo lo demás y los llamé con el botón de la cabecera.
Vinieron enseguida.
Les conté que si me soltaban, me limitaría a buscarte y pegarme a ti como una lapa, colocarte en tu pedestal y mantenerte ahí hasta el fin de mis fuerzas. No usaría mi poder para el mal. Ni para desestabilizar, ni para darle la vuelta a nada.
El hombre de las barbas dejó de pensar que había que repetir las pruebas y me miraron así, como tú me estás mirando ahora.
Pues claro que puedo leer la mente.
Ahora mismo estás pensando que sería capaz de inventar cualquier historia para no perderte.

2 comentarios:

PATRIEDU dijo...

Vaya Bernardino! A menudo cuando comienzo un texto lo cierro en el primer párrafo y lo guardo en el baúl de los recuerdos. Con tus escritos incluyendo tu libro he llegado al final me he divertido, incluso me dan ganas de escribir; porque eres la hostia.
La mejoría es palpable desde aquel borrador que leí en taller de Guadalupe; ese toque Kafkiano que yo veo y me encanta, da para más de una interpretación y una extensa charla. -Lo que somos capaces de hacer por una mujer verdad-. No llego a deducir en que tipo de hospital está ingresado este hombre, ya me lo dirás, tampoco si en realidad es un hombre... ¡Muy bien!.
Cuando seas rico y famoso podré decir que te conozco. Saludos.
Ah! Intentaré comentar alguno más mejorando la escritura verborrea etc...

Bernardino dijo...

Gracias por tu comentario, y sí, al final parece que el hombre perfecto resulta ser un tipo insoportable. Mejor, así tú y yo tenemos más posibilidades.